[00:01.538]No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados.[00:07.699]Como establece la Segunda Declaración de La Habana:[00:11.361]Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias,[00:22.336]albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo,[00:27.431]sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo.[00:37.154]Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados;[00:48.697]la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina.[00:59.789]Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo,[01:10.789]nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño.[01:16.980]Nos consideraban rebaño impotente y sumiso y ya se empieza a asustar de ese rebaño,[01:24.980]rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya sus sepultureros el capital monopolista yanqui.[01:35.486]La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión también de un extremo a otro del Continente.[01:49.100]Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño,[02:01.789]ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir,[02:13.917]porque ahora por los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras,[02:20.300]por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos,[02:29.157]se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo,[02:36.860]de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros.[02:44.746]Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina,[02:54.837]que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia.[03:00.973]Ya se les ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros,[03:09.926]para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos.[03:14.563]Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, en un lado y otro, cada día, ocupando las tierras,[03:22.871]afincando sus garfios en las tierras que les pertenecen y defendiéndolas con sus vidas;[03:29.920]se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas; haciéndolas correr en el viento, por entre las montañas o a lo largo de los llanos.[03:41.136]Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado,[03:48.267]que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más,[03:55.603]esa ola irá creciendo cada día que pase,[03:59.010]porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores,[04:10.994]hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.